Linda Morales

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Comentarios Críticos

Carlos Maldonado-Bourgoin
Crítico de arte, escritor y docente.
Asociación Internacional de Críticos de Arte,
AICA Capítulo Venezuela.
Ávilas infinitos e imaginados

Linda Morales nos sorprende gratamente con una nueva serie de obras inspiradas en la cordillera central caraqueña, mejor conocida como el Ávila. Hace unas cuantas décadas, la artista marabina a su llegada por carretera a Caracas, impactada quedó por el espectáculo monumental cambiante. La gente que viene de tierras llanas no queda inmune a la majestuosidad de la Gran Montaña, declarada por aquellos años Parque Nacional.

El Ávila es motivo permanente de atención y catarsis para los habitantes de la ciudad, de cómo cargan la pupila sus colores naturales. La fiesta de colores, las gramíneas (Rabo e ‘perro), el Capín Mela´o, el amanecer y el atardecer avileño, la montaña cuando llueve, la montaña en naranjas por los incendios forestales… Linda Morales saca de su más personal vivencia y sensibilidad aquella su impresión temprana autobiográfica y nos sumerge en la psique-arte.

Si bien Linda Morales en su anterior pintura fue descartando cualquier posible asociación o referencia al mundo objetivo durante el desarrollo de su obra, esta vez lo asume en el Ávila, como un recuerdo, con la impronta que la montaña dejó en su alma y que era necesario explorar, de esa su juventud esperanzada y expectante a su llegada a la capital, de sus diálogo con la montaña con el correr del tiempo y de sus distintas épocas biográficas.

Linda Morales fiel a su plan de trabajo, en la presentación de una muestra en Norteamérica, incluyo el tema del Ávila como un “Bis” o “Encore”, "de nuevo", "un poco más" e inmediatamente recibió la acogida del público y de los coleccionistas. Pues está vez, en Ávilas infinitos e imaginados, ella asume el compromiso consigo mismo de sacar de sí la emoción que ha suscitado y suscita la montaña en su ser.

Esa multiplicidad de relaciones y lecturas, en la obra de Linda Morales, que señalaba en mi anterior texto para una de sus muestras, nuevamente se deriva hacia un infinito mundo de consideraciones. La reducción cómoda y simplista de “paisaje” no viene al caso en esta su nueva serie. “Este término lleva implícita la presencia de un sujeto observador y de un objeto observado, que desprenden a su vez cualidades visuales y espaciales tanto en los aspectos naturales o físicos como en los aspectos culturales y humanos”. En este caso, sus Ávilas son un enganche con la realidad para nuevamente recrear universos vistos e imaginados.

El ícono del Ávila es insinuado, en otras este aparece radiante flotando en el espacio, pudiera ser una fantasmagoría, pudiera ser una ensoñación. Sólo esta vez el rasgo figurativo evidente inicia el viaje interior de la artista hacia una pintura de un lirismo sobrecogedor. Como anterior mente lo hiciera con el mar, ahora lo hace con la gran montaña, que levita en sus telas desvaneciéndose, tomando corporeidad en los pliegues de sus lienzos, asumiendo el color del deslumbramiento de la montaña en dorados o en los colores naranjas, en los azules… Todo, absolutamente todo, en un plano de fino y profundo sentimiento personal e íntimo.

Los títulos de las obras así lo sugieren: Cromatismo para una nostalgia, Sutil atardecer, Simplemente Ávila, Un arcoíris para Galipán, Naiguatá en bruma, Voraz, Primaveral,…

Con un tema de tanta acogida por parte de creadores y de público, Linda Morales lo convierte, en estos momentos, en principal motivo de su creación.

La sincera y natural sensibilidad  de Linda Morales con el Ávila me recuerdan las palabras de Santiago Key Ayala cuando escribió:

Cincuenta años hace que el espectáculo de la montaña artista me es familiar y consuetudinario. Y todavía no conozco bien, ¡oh, taumaturgo que posees la milagrosa virtud de guardar siempre un secreto y reservar una sorpresa.
SANTIAGO KEY AYALA

O las palabras de Rubén Monasterios cuando en su pregón navideño de 1993 dijo:

No obstante, pese a tanto maltrato,
Caracas sigue siendo un lugar grato,
y es de su encanto principal,
–diría yo: el aspecto primordial–,
la fascinante y altanera montaña
que por el norte franco la acompaña.
RUBÉN MONASTERIOS

 

AMSTERDAM WHITNEY GALLERY.
Ruthie Tucker Director-Curador Ejecutivo.

La Galería Internacional la felicita por ser aceptada en nuestra distinguida "familia de artistas." Después de evaluar cuidadosamente su obra, el Comité de Revisión Curatorial de Amsterdam Whitney Gallery la ha seleccionado formalmente para participar en nuestro programa de Representación. Nuestro Comité quedó muy impresionado por su magnífica obra que resuena con una narrativa visual muy expresiva como lo es revelar lo invisible en lo visible. El viaje artístico espiritual que usted retrata en su obra estelar es bastante impresionante. La intensidad visual vibrante generó un profundo sentido del simbolismo, mientras que refleja un mensaje universal eterno. En AMSTERDAM WHITNEY vemos en sus obras "Mis recuerdos" "escapando de mis límites", que resuena con un sentido de textura dinámico y potentes formas viscerales. Estamos cautivados por la calidad emotiva de la que transmite su buen talento y una metáfora visual emocionante. Irradia su visión artística única de capturar lo impalpable al aprovechar la esencia de la experiencia emocional y física. "Umbral" "Sinfonía de mis Sentimientos". Nuestro Comité la felicita por su obra, con su importante narrativa visual y su vínculo emocional con los recursos humanos y experiencia artística. Quedamos muy satisfechos con su arte maravilloso y la energía positiva de sus composiciones estelares. Estaremos encantados de mostrar su arte en un emocionante 2013 Exposiciones.

 

Carlos Maldonado-Bourgoin
Asociación Internacional de Críticos de Arte
AICA Capítulo Venezuela

ÁMBITOS INFINITOS

La pintura de Linda Morales tiene una multiplicidad de relaciones y lecturas, llamarla paisaje sería someterla a una reducción cómoda y simplista. Este término lleva implícito la presencia de un sujeto observador y de un objeto observado, que desprenden a su vez cualidades visuales y espaciales tanto en los aspectos naturales o físicos como en los aspectos culturales y humanos.
El mar ha sido desde siempre una de las más importantes presencias en la emoción y en el asombro de la artista. “El mar ha ejercido en mí un magnetismo indescifrable, es tan misterioso, siento por él fascinación y miedo;… allí entro en mis [colores] azules que siguen siendo hoy parte de mi”.
Durante este desarrollo, la artista fue descartando cualquier posible asociación o referencia al mundo objetivo. Linda Morales es clara al poner su en palabras actual trabajo al decirnos: “…son elementos que han desaparecido totalmente en mi obra, sólo el color, la luz y mis sentimientos forman parte de ella, eso me permite ir más allá…”
En su más reciente propuesta remite Morales a un raudo y variado mundo de sentidos poco comunes, sensaciones, sentimientos y sugerencias, mundo al que sólo es posible acceder y comprender rompiendo ataduras y desviando puntos de vista convencionales. Estas pinturas sumergen en las bases poéticas de la psiquis humana y en la humedad del alma. Pueden ser viajes y visiones psicológicas oceánicas, pinturas libres, texturas y collages sensuales, vientres estéticos donde la artista encuentra su hábitat y su morada, a la vez, donde sufre, se descubre, goza y se realiza en el acto creativo.
La presente selección propone esta infinidad de ámbitos. Doce obras (12) en acrílico con un repertorio amplio de materiales como telas, aserrín, liencillo con colores, veladuras y texturas que tienen y contienen recónditas resonancias imagínales. Son series pictóricas en las que poco importan los títulos de las telas.
Hace tres años la artista realizó el múltiple Anaconda para la colectiva Mi País, Tu País, en la Galería D´Arte, Caracas. Esta obra con intencionalidad conservacionista es una clave en la producción de Linda Morales donde rompe convicciones fijas y donde fragmenta contenedores y es un referente donde asumió plenamente las bases poéticas de su hacer artístico. En esta rendija Linda Morales se abrió al mundo de la irracionalidad.
Como sugiere interpretaciones sobre la obra de Jamen Hillman el psicólogo “el alma tiene múltiples fuentes de significado, dirección y valor. La psique no es sólo múltiple, es una comunión de muchas personas, cada una con necesidades, miedos, deseos, estilos y lenguajes específicos”. (Notas de Thomas Moore, de "A Blue Fire" una antología de los escritos de James Hillman (trad. Enrique Eskenazi). Las bases poéticas del alma.)
La artista zuliana Linda Morales nos sumerge en la psique-arte con hechizo y maestría. Los ámbitos infinitos a que invoca su obra pueden mover al espectador a que “incursa como le nazca y quiera”. Estos mundos pueden ser nuestro espejo y a su vez un viaje interior con potestad facultativa terapéutica y festiva de epifanía.
Caracas, 5 de enero del 2010
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Carlo Palermo

"Mare Nostrum" di Linda Morales – Marzo 2009

Linda Morales sembra privilegiare nei suoi dipinti, il mare con le sue misteriose profondità dove, però, alla luce che ancora filtra (non così negli abissi), si intravedono paesaggi non ben decifrabili e turbolenze ma, anche rosse infiorescenze che, più di tutte, sembrano esercitare sull'osservatore una maggiore attrazione, una sorta di "invito" ad avvicinarsi ad esse, il più possibile, anche a costo di immergersi nell'ignoto.

Al motto di conoscere per elevarsi, lInda Morales oppone o aggiunge il dantesco discendere per conoscere e poi risalire.

Il mare nell'immaginario collettivo è da sempre ritenuto custode di tesori e misteri da svelare e, pare, che la Morales voglia proporlo come metafora di se stessa e della complessità dell'essere femminile.

Il messaggio è ovviamente rivolto a chi volesse svelarne le sfaccettature ma, anche, a chi volesse divenire compagno d'avventura nelle sue immersioni.

In tal caso il candidato si disponga ad intraprendere un viaggio anche nella profondità del suo stesso animo per ricercare affinità e requisiti che possano metterlo nella condizione di apprezzare quei segreti e quei tesori palesati nella pittura della Morales.

Probabilmente, solo così quelle rosse infiorescenze potrebbero rivelare la loro vera essenza, quella di eterne generatrici di Vita con la V maiuscola; a dispetto di qualsivoglia turbolenza o mostro, scontatamente presenti nell'esistenza di ciascuno di noi.

Con il limite di chi non è un critico d'arte, cordialmente, Carlo Palermo.

 

Di Ivonne Carbonaro

Abbiamo già avuto a Napoli occasione di apprezzare Linda Morales nell’ambito di collettive a cura de Il Ramo d’Oro, ma oggi l’artista ci sorprende con una fantasiosa personale presso l’Associazione culturale Koesis, che nasce con il doppio Patrocinio del Consolato del Venezuela e del Comune di Napoli per il Marzo Donna. Questa mostra offre la possibilità di coglierne più a fondo la fascinazione del  mare su cui è centrata la sua ispirazione e da cui si dipartono le sue modalità espressive.
Il mare, origine della vita e universo parallelo di sconosciute supposte entità acquoree nel quale tutto si immagina possa accadere, è indiscutibilmente il punto focale di questa pittura che allude a favolosi tesori custoditi nelle profondità oceaniche, a segreti anfratti che nascondono agguati. Nonostante i progressi della tecnica che ha proiettato l’essere umano nel cosmo, il mare resta infatti una sconosciuta meraviglia, uno scrigno di incognite. Vascelli sommersi con carichi d’oro, mostri marini acquattati nel fondo, tzunami di spaventosa forza distruttiva, praterie verdeggianti di posidonie, barriere coralline brulicanti di vita colorata, ondeggiante delicata bellezza di urticanti meduse e creature velenose: tutto ciò e molto di più è dato di intravedere nei lavori di Linda Morales.
Sono i misteri di un universo sommerso su cui da sempre l’immaginario dell’umanità ha fantasticato. Dai miti di nereidi e sirene, oceanine e tritoni, alla fantasia romantica di Andersen di un amore impossibile, alla partenopea leggenda di Cola Pesce, alle visionarie intuizioni di Verne nella fantascientifica esplorazione del Nautilus, ai racconti sul famigerato triangolo delle Bermude, fino alle attuali innumerevoli divagazioni di cinema, animazione e videogiochi, l’eterno protagonista è il mare. E la spinta propulsiva è sempre la stessa, indirizzata su una duplice direttiva: fascino e paura, attrazione e rischio, l’infinitamente bello e l’infinitamente pericoloso dell’ignoto che stimola la mente umana a penetrarne i misteri, a conoscere. Nati non fummo a viver come bruti ma per seguire virtude e conoscenza: è il meraviglioso illuminante destino dell’uomo ed è pure la sua condanna che induce Ulisse a perdersi e, come lui, innumerevoli navigatori ad essere inghiottiti dagli abissi oppure, come Colombo, a scoprire nuovi splendidi orizzonti.

           Nel rileggere il giudizio critico estremamente sintetico che avevo scritto per Linda qualche anno fa: <Silenzio di azzurri profondi intensamente lirici: profondità di oceani, cobalto di mari tropicali, verdosità trasparenti di acque limpide, tavolozza di meravigliosi blu, di smaglianti turchesi, di delicati celesti. Guizzi di oro e rapidi tocchi variopinti: segni di vita palpitante negli abissi. Il “mare”: generatore di vita, di energia, di bellezza assoluta>, mi rendo conto che esso riassumeva in poche righe il mondo fantastico e il senso poetico della creatività della nostra artista e lo riconfermo in pieno aggiungendo che la lettura dei quadri della Morales consente una totale immersione in quel mondo dei suoi sogni che è poi il mondo dei sogni dell’umanità.

            E si resta così, perduti di fronte a tanto tripudio di azzurro, a tanto infinito,       e 'l naufragar m'è dolce in questo mare... Sensazione inesprimibile che solo un grande poeta poteva esprimere! Linda propone, forse inconsapevolmente rispetto al Poeta, una sensazione analoga nel suo infinito di azzurro: iniziale apparente monocolore che va diluendosi e sfumando in tutte le gradazioni del turchino per tendere poi all’acquamarina e al verde e poi ancora scintillare in un’infinita varietà cromatica talvolta accennata talvolta caratterizzata da forti contrasti.

        Varietà cromatica su una concretezza materica ottenuta mediante l’uso di materiali differenti inglobati nello spessore che dà rilievo tangibile e movimento alle spire dell’anaconda, all’avvolgente onda di marea, alle spume che ribollono, immagini chiaramente leggibili pur nella sintesi dell’astrazione che trascende e sublima ogni urgenza figurativa nell’impronta dell’esperienza vissuta, dell’impressione provata. Certamente vi è impresso lo stupore che suscita la luminosissima, travolgente, tropicale bellezza del mar Caribe, ma anchel’ancestrale, pacata, mediterranea bellezza del mare nostrum che la pittrice ha avuto modo di conoscere.

         Una mostra che ha come soggetto privilegiato il mare non potrebbe trovare accoglienza più adeguata in una città come Napoli, che ha ad eponima e fondatrice una sirena e che sul mare si adagia sensualmente compiacendosene insieme alle sue isole. L’accostamento e l’associazione di emozioni che ne derivano, mi inducono pertanto a dedicare a Linda dei versi che tempo fa pubblicai sul mare di Capri con l’intento di esprimere con la parola ciò che le sue tele esprimono con il colore:  Sfavillare di innumerevoli brillanti in superficie/e nel profondo:/verdosità di giade/splendori di smeraldi e acquemarine/opalescenze azzurrine di agate/scintillio di zaffiri e topazi , blu/meraviglia di turchesi e lapislazzuli./Profusione di gemme in uno specchio trasparente.

Napoli. Italia, 2009

 

Di Ivonne Carbonaro

Silenzio di azzurri profondi intensamente lirici: profonditá di acceani, cobalto di mari tropicali, verbositá, trasparenti di acque limpide, tavolozza di meravigliosi blu, di smaglianti turchesi di delicati celesti. Guizzi di oro e rapidi tocchi variopinti: segni di vita palpitante negli abissi. Il “mare” generatore di vita, di energia, di bellezza assoluta.

 

Orlando Campos

El INFINITO AZUL
La obra pictórica de Linda Morales

El agua es hoy el nacimiento, el edén más buscado, un nuevo dorado convertido en el azul infinito de la pintura de Linda Morales. Ansias e intereses de toda índole están presentes como pretensión. Se posesionan de manera absoluta en las profundidades de sus colores. El impulso y el frenesí creador, unido a la necesidad vital ha hecho que esta artista tome el agua como el elemento vivificador de un hacer sublime.

Esta pretensión justificada, está inscrita en lo que ha sido una aspiración generadora de cuadros. De agua pura nace la vida y de la vida las creaciones de leyenda, de mitos, de naufragios mágicos, de tesoros perdidos en la profundidades. Cada cuadro es una historia que marca cada período de creación, de contemplación y de trabajo arduo. Sus cuadros son dioses que se cristalizaron e hicieron sus moradas en su obra y se arraigaron para siempre como nuevos Neptunos en el reino de los azules de Linda Morales.

El papel estelar del azul en las distintas cosmogonías marinas pictóricas es el eje alrededor del cual se organizan sus composiciones. De allí nacen las sirenas de sus pinceladas que llaman a los marineros-espectadores, público ávido de su canto artístico.

Egleé Manzo

La pintura de Linda Morales nos remite a un mundo de ensueño y de compenetración con el mar, con sus colores y su poesía. Cualquier tema es buena excusa para plasmar un despliegue de turquesas, ultramarinos y celestes que la artista gusta expresar en telas de gran formato, pues menos que eso sería ponerle límites a su creación, siendo su principal inspiración el ilimitado espacio marino. Así pues, Linda navega con sus pinceladas sus telas de colores sin fin, invitándonos a contemplar sus poéticas creaciones que nos comunican su sensible naturaleza.

 

Agustín Rodríguez

Frente a la obra de todo artista según recomendaba LEO SPITZER, la actitud correcta y honesta es la de tratar de “unir las partes al todo” lo cual el consideraba que es el método fundamental del pensamiento moderno.

“… En la obra de Linda Morales es posible captar el todo y leer un mensaje de profundo trasfondo psicológico que ella nos sugiere entre el color y cierta bruma que caracteriza su estilo y que difumina lo real.

Es entonces cuando vamos descubriendo imágenes y objetos donde se respeta lo intrínseco y arquetípico y por tanto su “esencialidad cósmica” que tanto preocupó al gran maestro uruguayo JOAQUÍN TORRES GARCÍA”.

En su pintura LINDA MORALES nos muestra sobre el muro su mensaje cálido del arte humanidad, el arte para todos y recupera para nosotros lo humano real, bajo una forma expresionista, con bases muy subjetivas y por sobretodo muy románticas

 

Armando Arce

Al hablar con LINDA MORALES notaremos que en la medida que salen las palabras de su boca, sus negros ojos destellaban, como si brotaran de ellos las imágenes que vemos en sus cuadros, y es que la misma artista nos lo dice “soy como un libro abierto.

Linda Morales nació en Maracaibo pero se radicó en Caracas, allí inició sus estudios de pintura en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas donde aprendió las bases de su PINTAR bajo la pupila guía del maestro Ramón Vásquez Brito, y más tarde los maestros José Antonio Aranaz y Pier Desenne , de alguna manera artífices como todo docente, de esta PINTURA DE SUEÑOS, pues al ver leyendo, el conjunto de sus obras actuales, nos introducimos en su interminable laberinto pictórico, donde frotan cual naufragio , retazos de sueños expuestos en un trazo pleno de espontaneidad y colorido, sin ataduras academicistas, ya que como ella misma lo define –la pintura es un acto de libertad- y ha decidido defenderla hasta el final, y pintora desde antes, ha resuelto de una vez y para siempre entregarse de lleno SOLAMENTE A LA PINTURA.

El centro de la obra de esta PINTORA DE SUEÑOS gravita en el uso sin reservas del color donde la figura humana y los rostros oníricos pueblan sus lienzos, dando paso a un sin número de aves, máscaras, llamas de vigorosa luz, ojos escrutadores desde ayer, o la ondulante hermosura de un desnudo femenino captado en pleno vuelo expresado a modo de un recuerdo recientísimo.
“… Pero lo que quizás no esté en la lectura vertical del cuadro de esta inusual expositora, son sus elaboradísimos fondos en los que podemos descifrar el verdadero sentido de ese mundo de sueños, donde el planteamiento figurativo y escenario danzan en una sinfonía de colores a veces manchados al azar, otras, puestos de una manera casi constructivista o con la mano desnuda, pues el color se siente hasta en los poros, a veces la artista reflexiona y apela a la espátula y es así como el lector de ésta, su última exposición, se ve inmerso en su laberinto de sueños, pues esta pintora sin lugar a dudas, es UN CUADRO ABIERTO.

 

Pierre Desenne

Después de Solangel Verglas de Neuerburg, María Urdaneta, Elide Tagliaferro, Teresa de Acuña e Ignarita de Núñez, Linda Morales es sin duda la más joven y entusiasta de mis alumnas.

Es buena venezolana esta pintora, sensible, difícilmente disociable de la luz tropical que ilumina nuestro paisaje y de los colores violentamente agresivos, propios de una vegetación abundante y casi “sobrenatural”.

Hemos visto paisajistas que intentaron interpretar a Venezuela, y lo lograron, menos el secreto que los hace sentir nativos de esta tierra, o bien reputaciones consagradas y confesas de haber engañado al mundo “a la hora de la verdad”, imponiendo un cierto arte tan alejado de lo natural, como Picasso y su amigo Giovanni Papini.

Como primera muestra en Caracas de Linda Morales que supo interpretar lo inefable de la realidad criolla, como son los techos rojos de una hacienda abandonada, las columnas doradas de un patio iluminado por el sol, o los muros decrépitos de una iglesia de campo, o bien un bucare o un araguaney vestido de gala.

Estoy seguro de que el público sabrá hacer honor a la joven artista que tanto espera de esta primera manifestación, de su bien merecida labor artística.